Alejandro Jiménez Padilla

@alejandrojimp

Cocinero: Gobernante o grupo en el poder en busca de legitimidad, partido o político en campaña.

Ingredientes

1.- Harina: Discurso de emergencia. Algunos chefs especializados sugieren una combinación de varios tipos de harina, para obtener masa más pegajosa.

2.- Huevos: Medios de comunicación. Separar yemas (medios sensacionalistas y oficialistas) de las claras. Entre más yemas ponga, más voluminoso pastel tendrá.

3.- Levadura: Figuras públicas y líderes de opinión que le den sentido y potencien la reacción química de la harina y las yemas. La suma de estos tres ingredientes genera burbujas de dióxido de carbono que ayudan a esponjar este tóxico pastel. La marca de la levadura es intercambiable dependiendo de los huevos que tenga el cocinero en la mano.

4.- Mantequilla: Índice de añoranza autoritaria en la sociedad. Entre más mantequilla, más homogéneo el pastel. La mantequilla es un ingrediente esencial y que permite que la masa sea más maleable a los intereses del cocinero.

5.- Azúcar: Pesos y contrapesos democráticos. Lo que diferencia al pastel de populismo penal de los otros es su dureza y entre menos azúcar, más duro el pastel. Si hay buena calidad en los pesos y contrapesos, agregar las porciones al gusto de los demás ingredientes hasta endurecer el pastel.

Para preparar la receta, tomaré como base el artículo de Michael Tonry titulado Determinants of Penal Policies” en el que a través de un estudio comparado desmiente la correlación entre incremento de las tasas delictivas y endurecimiento de la política criminal. Además propone parte de los ingredientes con los que intentaremos preparar este pastelito.

Primero, qué es un “populismo penal”

El populismo es una dimensión del discurso o acción política, y pudiéndose encontrar tanto en la derecha como en la izquierda del espectro político. Por lo tanto, el populismo es un medio, no una ideología. Estos dos tipos de populismo se usan para perseguir fines diferentes: la derecha lo usará para prometer soluciones espectaculares a crisis o emergencias financieras, morales, migratorias o de seguridad. Mientras que la izquierda dispondrá de él para hablar de soluciones espectaculares a problemas estructurales como la pobreza, desigualdad y marginalización.

Ambos tipos de populismo convergen en el medio: debilitar los pesos y contrapesos institucionales, descalificar a sus críticos y obtener un consenso en la población. Esto en búsqueda de facultades para ejercer una licencia antidemocrática y solucionar crisis o problemas, o bien, modificar las estructuras de poder; ambos sin límites legales, constitucionales u otros.

Entonces el populismo penal, es una preparación que se sirve en envases muy diferentes. Con etiquetas nutricionales y certificados de calidad de los ingredientes falseados, medidas taquilleras, aparentemente contundentes para solucionar la crisis de seguridad, que no buscan solucionarla, sino generar en la población una sensación de eficacia y contundencia en el combate a la delincuencia. Todo esto con un grave riesgo para la salud de la sociedad que lo consume.

Distintas presentaciones del pastel (2/5 de ejemplos)

Incremento de penas a los secuestradores o castración química a violadores

Asumamos que las personas que comenten hechos tipificados como delito, son agentes racionales. Esto significa que, antes de realizar un acto ilícito, analizan el costo-beneficio de sus actos, en donde el costo es la condena multiplicada por la posibilidad de ser capturados. La pena por sí misma no disuade a las personas de cometer un delito, y menos, si conocen nuestros índices de impunidad, es decir, si saben que la probabilidad de que la autoridad dé con ellos es mínima. Esto ya sea por la incapacidad de la autoridad de investigar o bien porque saben que un inocente torturado puede pagar por sus actos.

El mejor ejemplo de cómo funciona esto es el alcoholímetro. Durante mucho tiempo se intentó disuadir a los automovilistas de no conducir bajo el efecto del alcohol subiendo las multas y horas de arresto sin éxito. Cuando iniciaron los operativos de “alcoholímetro”, aumentaron las posibilidades de ser detectado y por lo tanto, la posibilidad de ser sancionado. Resultando una reducción drástica de los índices de accidentes automovilísticos relacionados con el consumo de alcohol.

El aumento de penas, tiene impacto electoral porque sacia el deseo de venganza de una población sedienta de justicia, pero, por si misma, esta medida no disuade a las personas de no cometer delitos.

(Tip: 50 años de prisión X 0 posibilidades de ser detectado = 0)

Culpar a los derechos humanos y a quienes los defienden de generar impunidad, o bien, el gastado “los derechos humanos defienden delincuentes”.

Este tipo de discurso populista, permite generar en la población un deseo por el debilitamiento de los contrapesos institucionales que imponen límites a las agencias del poder Ejecutivo y Legislativo encargadas de diseñar y ejecutar la política criminal. Muchas veces, este discurso hace eco en los mismos contrapesos como poderes judiciales, ministros de la SCJN o comisiones de derechos humanos que declinan en su función de contrapeso, para asumirse como parte de la política criminal.

Para algunos sectores de la sociedad el sistema de justicia penal que pretendemos dejar atrás sí funcionaba, pues elegía para quién funcionar y para quién no. El mayor reto entonces (para el #SJPA) es que la justicia no sea el privilegio de unas cuantas personas. Si después de 8 años de transición, el sistema de justicia penal sigue distinguiendo entre personas de primera plana y personas de nota roja, no se puede hablar de éxito.

Los derechos humanos son mandatos de optimización de todo el sistema de justicia, marcan los horizontes hacia donde debe caminar todo el quehacer del Estado, ubicando al centro del ordenamiento jurídico la dignidad de las personas. Los funcionarios no aprenden esto por osmosis, son necesarias sanciones y correctivos que desincentiven las prácticas autoritarias a largo plazo. Estas medidas son costosas en las urnas, pero la falta de ellas nos está costando vidas humanas.

Un gobierno demagogo siempre asumirá a la justicia como un problema que luce poco y cuesta mucho.

Esta es la joya del discurso populista penal, pues busca lograr todos los fines

1.- Debilitar los pesos y contrapesos institucionales

2.- Descalificar a sus críticos y obtener un consenso en la población

3.- Facultades para ejercer una licencia antidemocrática para solucionar la crisis de seguridad

4.- Sin límites legales o constitucionales (o reformando la constitución a placer).

Remedios para la indigestión después de haber consumido este tóxico pastel

Evaluación legislativa e institucional como fuente de los ajustes a la política criminal, tomar en cuenta la evaluación en tiempo real que hace la SCJN y los poderes judiciales sobre la calidad de la estrategia de seguridad.

Despolitizar la agenda de seguridad. Las soluciones al problema de seguridad en el país no son instantáneas ni espectaculares. Muchas veces son impopulares y con altos costos electorales

No perder la actitud crítica, defender nuestras libertades y derechos humanos y entender que el derecho penal es la última herramienta que tiene el Estado para garantizar nuestros Derechos y si el Estado solo intenta solucionar los problemas por este medio, quiere decir que lo demás no está funcionando.

Por último vayan a ver “medida por medida” un espejo escrito desde hace más de 400 años por Shakespeare, sobre el uso del sistema penal con fines políticos por gobernantes impopulares en busca de legitimidad. Un duque que revive un viejo decreto que prohíbe la fornicación con pena de muerte, en donde podrán identificar la presencia de varios de los ingredientes de esta misma receta: “un pastel de populismo penal”.